El reloj marcó las 7 y, con ello, el fin de una jornada laboral más. Anton recogió sus cosas, las metió en su bolso y se abrigó para salir. Mientras se acomodaba el abrigo, sintió un dolor en el estómago asociado a una particular preocupación: la persona que, según él, lo estaba siguiendo desde hacía 2 semanas.